Cómida rápida sana -Revive Juice Bars-

Una opción de fast food saldable y económica.

Revive Juice Bars en Gran Vía 74, Madrid. (c) Revive Juice Bars

Revive Juice Bars en Gran Vía 74, Madrid. (c) Revive Juice Bars

ACTUALIZACIÓN: Este post lo escribí en el año 2013 y ahora esta local ya no se encuentra en Gran Vía. He entrado en su web a ver si había información actualizada pero al parecer han cerrado. ¡Gracias!
En esta ocasión quiero contarles mi experiencia en Revive Juice Bars, un mini local de cómida rápida sana en plena Gran Vïa de Madrid, que abrió sus puertas el pasado mes de noviembre. Una excelente oferta para todos aquellos que disponen de poco tiempo y  buscan algo nutritivo.

Perderse en la Gran Vía la tarde entera, saliendo del trabajo, en pleno puente, y tratando de cumplir las exigencias de la lista de regalos de navidad para la familia, puede abrir el apetito de cualquiera. Después de varias horas de estar de pie y torear a la marea de gente, el gusanito de mi estómago rugía y tenía que comer algo rápido, sabroso, y nutrutivo, para evitar un desfallo. Pizza, crepes, sandiwch, kebbab, nada llamaba mi atención. De repente, me topo con un mini local con frutas frescas en su vitrina: piña, kiwis, plátanos, mangos, naranjas; ¡mmm! Revive Juice Bars.

Lo que más me gustó de esta de esta cadena de comida británica (la primera en Madrid) es que la carta está compuesta mayoritariamente de bebidas naturales, preparadas con materia prima de excelente calidad: fruta fresca, recién troceada, natural, sin consrvantes ni aditivos.  Los Squizees, por ejemplo, son zumos combinados de varias frutas; la combinación manzana, gengibre y zanahoria en el zumo «Jamaica» ha sido la que más llamó mi atención;  nada más energizante para comenzar la mañana. Para los que prefieren algo más refrescante en esos días de calor, nos ofrecen una deliciosa opción con los Smothies (granizados de frutas frescas); el smoothie «Irán», por ejemplo, mezcla pera, mango y hielo.  Y para los que necesitan mayor consistencia y un aporte extra de energía, los Shakes, son la mejor opción, mejor conocidos como batidos naturales. Imagínate un riquísimo plátano, batido con canela, nueces,yogur y endulzado con miel.¡Delicioso!

Todas las bebidas se preparan en el momento y, además, cuentan con ensaladas, sanwiches y wraps. Incluso, en su carta incluyen cremas y bebidas calientes, hechas con verdura fresca como espinacas, remolacha y calabacín. Y la mejor oferta: desayunos desde 1,50 €

Yo elegí una ensalada griega por 3€; tomate,endivia, pimiento verde, aceitunas Kalamata, cebolla tierna, queso feta y orégano. Mientras la comía en la barra, observaba la decoración minimalista del local, limpia, armónica y con un guiño ecológico y gracioso con una bicicleta negra, estrátegicamente colocada en lo alto. Cabe mencionar que, para ser mi primera vez, el servicio ha sido excelente, los chicos que me atendieron fueron muy amables y estuvieron al pendiente de cada detalle.

Revive Juice Bars (1,50€-12€)
c/ Gran Vía 74, Madrid
http://www.revivejuicebars.es
https://www.facebook.com/ReviveJuiceBars

Ensalada de tomate, endivia, pepino, pimiento verde, aceitunas Kalamata, cebolla tierna, queso y orégano.

Ensalada de tomate, endivia, pepino, pimiento verde, aceitunas Kalamata, cebolla tierna, queso y orégano.

¿Por qué cuesta tanto decir NO?

NO no es un pecado y SÍ no es una virtud.

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Te dicen: «La última y nos vamos» y te quedas tres horas más.

Justo cuando te vas  a casa, tu jefe te hace una petición y, para no quedar mal, te quedas a terminarla.

Necesitas descansar y tu familia, pareja o amigos solicitan tu presencia y no sabes decir que no.

Se acerca  el representante de la asociación «Unidos por Pepito» para pedir tu firma y por no «hacerle el feo», «te chupas» media hora de su sermón.

No te sorprendas si después de atender a todas las peticiones de la demás gente, sin responder primero a tus necesidades, sientas un enorme cansancio. No expresar nuestros límites y ceder ante las peticiones de los demás cuando no queremos es uno de los detonadores más importantes de estrés

¿Y quién dijo que decir no es una tarea fácil? Nos da miedo pronunciar la palabra No por que tememos al rechazo de las personas que nos rodean. «Es como si fuéramos incapaces de sacar de nuestro interior la fuerza de decir No porque, en parte, esta palabra se confunde con negatividad«, afirma la psicóloga Judith Sills, en su arículo The power of no, de la revista Psycology Today del mes de noviembre. Sin embargo, muy lejos a lo que la mayoría pensamos, decir No a diversas situaciones es una herramienta positiva que nos ayuda a imponer nuestros propios límites, una especie de bálsamo de protección hacia nuestra persona.

Ilustración del artículo The power of no de la revista Psychology Today.

Ilustración del artículo The power of no de la revista Psychology Today, noviembre de 2013.

«Crear un límite o un espacio emocional personal es como delimitar una linea psicológica que define la separación entre uno mismo y la otra persona. «, afirma Sheryl MacDonald, psicóloga del centro Health Psycology Center de San Diego, California, en su artículo How Self Love and Boundaries Mix . Fijar nuestros límites nos ayuda a imponer nuestros espacios físicos, psicológicos y emocionales y permite a las otras personas distinguir cómo deben tratarnos, lo cual nos ayuda a preservar nuestro amor propio.

¿Y cómo reconocer nuestros propios límites? Nuestros sentimientos son la mejor guía para reconocerlos. Según Manuel J. Smith, psicólogo y autor del libro Cuando digo no, me siento culpable Ed.Debolsillo; las emociones negativas de ira, el miedo y la depresión tienen un valor para la supervivencia, de la misma manera que el dolor físico.

¿Estás cansado y no puedes salir de fiesta? Escucha tu cuerpo y quédate en casa. ¿Estás enojado con tu pareja porque frecuentemente te falta el respeto en algún aspecto? Escucha tu ira y expresa lo que no te gusta con cariño. ¿Tienes hambre y no tienes tiempo de eschuchar al miembro de la asociación «Unidos por Pepito? Esucha tu cuerpo y ten presentes tus prioridades y amablemente dile que no tienes tiempo.

Antes de decir que sí piénsalo dos veces y recuerda que:

    • Cuando cedes a todos los caprichos de quienes te rodean, es normal sentir cansancio.
    • Deja de pensar que eres indispensable. En realidad, nadie lo es.
    • Acepta el hecho de no  poder agradar siempre a todos.
    •  Toma conciencia de tus límites. Si no reconoces tus propios límites los demás nunca se darán cuenta hasta dónde puedes llegar.
    • Reconoce como te sientes en cada momento. ¿Cansado, enfadado, triste…? Tus sentimientos son la guía para saber si puedes seguir adelante o no, tomando precaución de no dejarte llevar por la culpa.

Aprender a decir No dará más validez a todos los Sí que pronuncies después:

«Gracias por la invitación, pero de verdad, no puedo salir  hoy porque estoy  muy cansado.»

«Me siento muy mareado, no quiero tomar otra copa.»

«Gracias por los momentos que vivimos juntos pero ya no puedo seguir en esta relación.»

«Tengo un compromiso con mi familia, no puedo hacer horas extra el día de hoy en el trabajo.»

«Agradezco su interés en mí pero no quiero formar parte de esta asociación.»

«Este producto es muy interesante pero en este momento no voy a comprar su mercancía.»

¡Qué liberador suena! ¿no?

Como, vuelo y me acelero

¿Prestas atención a la manera en la que comes? El acto de comer no es sólo elegir alimentos integrales  y nutritivos.
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Tal vez lo sabes todo acerca de comida sana: sabes cómo combinar carbohidratos con proteínas; dónde encontrar los ingredientes más frescos y orgánicos de la ciudad; te sabes todas las recetas del recetario órganico-macrobiótico-vegetariano de la abuela Toñita; e, incluso, conoces los mejores restaurantes de la ciudad. Pero ¿has observado alguna vez la manera en la que comes? El acto de comer no es sólo elegir alimentos integrales  y nutritivos, el acto de comer incluye disfrutarlos, digerirlos y asimilarlos, y no todos lo hacemos de la mejor manera.  Si alguna vez te has pillado en alguna de las siguientes  situaciones a la hora de la comida ¡OJO!  Es hora de que cambiar de hábitos.

Te sorprendes porque la comida de tu plato desaparece en un dos por tres sin darte cuenta y no tienes ninguna compañía a tu alrededor; y sí, tu perro está amarrado mirándote con ojos de borrego para que le des un pedacito de tu guarnición. Seguramente te has distraído por estar al pendiente de las redes sociales,el ordenador, la televisión, el teléfono, etc. Estar al pendiente de varias actividades al mismo tiempo hace difícil poner atención a lo que llevas a tu boca, tu cerebro no recibe al 100% la señal de que ya ha comido, y la sensación de saciedad no llega.

Tiemblas igual o más que tu gelatina cuando pones el bocado en tu boca. Tu adrenalina está a tope, estás como una moto y no puedes desconectar de las actividades anteriores. Cuando estamos bajo los efectos del estrés nuestro organismo se encuentra en un estado acelerado y si no respiras profundo el cerebro dice: «Corro vuelo y me acelero, me lo como todo y si me lo como entero mejor». Comer con ansiedad produce que respiremos con la boca abierta y, por consiguiente, favorece la entrada de aire al aparato digestivo, lo que ocasiona malestares estomacales, gases o distención abdominal. Además, antes de que llegue la señal de saciedad al cerebro, somos técnicamente un barril sin fondo y nos puede entrar hasta un mamut en el estómago -lamento decirte que en cuanto llegue esa señal al cerebro, quien se convertirá en un mamut eres tú, pero un mamut con cólicos-.

Sientes que se te atora el  pedazo de pan en la laringe y que -cual enamorado a su dulcinea- el pedazo de queso se ha quedado adherido a tu esófago y para poder respirar necesitas das un trago a tu bebida. Claro, sin masticar, todo va directo a tu estómago, ¡digestión express! y ¡boom!, ¡qué dolor! Acéptalo, comes como aspiradora porque tienes  cosas más importantes que hacer: una reunión con tu súper jefe, te quieres salir ya de fiesta con los amigos, te van a cerrar el banco… Ingerir alimentos demasiado rápido produce atragantamiento y al no masticar bien la comida, la digestión se convierte más pesada y lenta.

Si te encuentras distraído, estresado o ansioso, por más que elijas el alimento más saludable del planeta, no obtendrás los mismos beneficios si lo comes despacio y conscientemente. Entre cada mordisco nos llevamos nuestras preocupaciones, nuestras inquietudes, nuestra ansiedad y nuestras evasiones y dejamos del lado el momento de nutrirnos, de desconectar, de disfrutar, de sentirnos felices y satisfechos. Por esto, antes de meter una tarascada a tus próximos escasos pero nutritivos alimentos, es mejor que recuerdes estos sabios consejos para evitar problemas digestivos:

  • Haz de tu momento de comida un ritual. Siempre en el mismo horario, dándote unos minutos para hacer únicamente esa actividad. La alimentación es una actividad que requiere la atención de todos nuestros sentidos.
  • Busca tu espacio. Un sitio tranquilo donde comer,  a solas o rodeado de compañía y conversaciones amenas, en donde desconectes de tus labores diarias.
  • Sabemos que puedes vivir desconectado unos minutos. Apaga la televisión, deja en silencio el móvil, deja a un lado los libros y periódicos.
  • Disfruta las cosas buenas de la vida.  Observa el color de la comida, siente su textura, disfruta su olor, su sabor.
  • ¡Siéntete una piraña! Mastica el alimento de 30 a 40 veces.
  • Momento zen. Haz un respiro entre cada bocado, de ser posible, suelta los cubiertos y céntrate en el momento, en el aquí y el ahora.

¡Tengo frío! Tómate un… ¡¿chocolate con aguacate?!

A veces, las mezclas extrañas pueden sorprendernos.
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Son las 18:00 hrs.;aún media hora para que acabe la jornada laboral y mi tripa no deja de sonar. Lo acepto, el día de ayer no me dieron ganas de preparar comida en casa para traer a la oficina; no he traído nada para picar entre comidas y el día en el trabajo ha sido pesado. Además, no me ha dado tiempo de comprar nada ni en la máquina; hace frío, no quiero salir ni a la tiendita de la esquina a comprar nada, mi nariz puede congelarse.

¡Por fin! El reloj marca las 18:30 hrs. y salgo corriendo hacia mi casa; como no comí nada de colación y hace frío no se me antoja nada más que algo chocolatoso.  Cuando llega el tiempo de frío el cuerpo nos pide alimentos con mayor aporte calórico y ricos en grasa. Bajo del autobus; hace frío polar en la calle -sí, lo sé, que es otoño pero yo lo paso muy mal con el frío- pero mi hambre no me impide seguir adelante y voltear a asomarme a la tienda de los chinos a ver si tienen chocolates; me contengo, mi fuerza de voluntad triunfa y sigo adelante. Me imagino un brownie, un pan con nutella, una barra de chocolate; me relamo, babeo y me brillan los ojos. Sigo adelante, dudo un unos segundos y quiero regresar a la tienda de los chinos pero el frío no me permite perder el tiempo; mis manos están rojas, mi nariz sigue congelándose; mi instinto de supervivencia es más fuerte que mi glotonería y me dirijo a toda prisa hacia mi casa. En cuestión de minutos llego a mi portal: «Hogar, dulce hogar», me digo a mi misma, «Por fin me he librado del gusanito de la tentación». Ya calientita, sin abrigos y bien recibida por mi mascota, me relajo pero mi tripa vuelve a sonar: «Toc-toc, ¿hay alguien allí?, me dice.

Abro el refrigerador bruscamente y no encuentro nada interesante... ¿un aguacate y un par de tomates? ¡Menudo festín para quitarme el mono de dulce! Entonces, recuerdo una receta que vi en Pinterest sobre cómo hacer mousse vegano; una receta con cocoa y aguacate ¿con aguacate? ¡sí, con agaucate y todo! Después de combatir el frío, mi sentido de supervivencia me dice que ahora la misión es combatir el hambre, así que me animo a experimentar con esa mezcla extraña.

Busco en la alacena una bolsita con cocoa pura y ecológica, que compré un día para hacer otro festín culinario; encuentro mi sirope de agave de México, la batidora de mano y ¡listo! ¡A preparar mousse de chocolate! La verdad quedó muy bueno, tomando en cuenta que lleva aguacate.

El veredicto: la cocoa es la protagonista y el aguacate pierde su sabor; sólo le da textura a la cocoa. Sí, al fin y al cabo calorías, pero calorías sanas. En estos momentos de frío no se puede pedir más, estamos bajo los efectos de la depresión estacional, mejor conocida como el trastorno afectivo estacional, que afecta entre a un 1% y 3% de la población. Este trastorno está relacionado con el aumento del apetito y antojo de carbohidratos por lo que se recomienda sustituir esos antojos con ingredientes naturales y sanos. En lo personal, prefiero las calorías de la cocoa orgánica y las grasas insaturadas de origen vegetal que un pedazo de manteca con grasas trans que tardarán años luz en salir de mi organismo; tal vez el día que vuelvan los dinosaurios a la tierra. ¡Menos mal que no caí en la tienda de los chinos!

Mousse de chocolate vegano
Ingredientes:
1 aguacate pelado
1/4 de taza de cocoa pura en polvo orgánica
1/4 de taza de leche de almendras, coco o avena
2 cucharadas de sirope de agave (o cualquier endulzante natural)

Mezclar la leche vegetal, el sirope de agave y el polvo de cocoa en un recipiente hasta que quede bien líquido. Incluir el aguacate en el recipiente y con una batidora de mano triturar la mezcla hasta hacerla puré. Vertir el mousse en diferentes recipientes y guardar en el refrigerador para consumirlo después.

 A mi me quedó un pelín menos espeso, así que lo utilicé como nutella sobre pan de harina de espelta.
La receta original la puedes encontrar en : Mindbodygreen